"Excuse à mes lèvres. Ils trouvent satisfaire dans les lieux les plus inattendus"

domingo, 15 de marzo de 2009

Historial de conversaciones

Daniel [My rules] se ha conectado



Daniel [My rules] dice:
Hola
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Buenas
Daniel [My rules] dice:
¿Cómo estás?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Pse ¿Tú?
Daniel [My rules] dice:
Bien.
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
¿Sabes? Anoche soñé contigo.
Daniel [My rules] dice:
Espero que un sueño erotico
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Pues sí, lo fue.
Daniel [My rules] dice:
¿?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
¿Qué?
Daniel [My rules] dice:
¿Qué pasaba?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Era de noche, estábamos en un parque, no como… no como el parque donde te conocí, no, era un parque grande, con muchos árboles, no se que hacíamos allí, creo que habíamos quedado con alguien más pero no llegaba, entonces tú me acorralabas contra un árbol…
Daniel [My rules] dice:
¿Y qué más?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
No sé si debería seguir…
Daniel [My rules] dice:
¿Por qué?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
A lo mejor esto no está bien… Quiero a Javier.
Daniel [My rules] dice:
No he dicho lo contrario, solo te pido que me cuentes ese sueño.
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Hmm
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Yo llevaba pantalones pero desaparecían como si no hubieran estado nunca, me empezabas a besar y me levantabas una pierna colocándola sobre tu cadera.
Daniel [My rules] dice:
¿Y llevabas camiseta?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Si
Daniel [My rules] dice:
Sabes que me encanta follar sin quitar toda la ropa.
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Lo sé
Daniel [My rules] dice:
Bueno y entonces?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
No sé, me despertó el despertador.
Daniel [My rules] dice:
Hmmm, vaya.
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Es una lastima no saber como acaba
Daniel [My rules] dice:
Yo sé como acaba
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
¿Si?
Daniel [My rules] dice:
Claro
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Y como acaba?
Daniel [My rules] dice:
Mágicamente mis pantalones también desaparecen. Me gustaría tenerte así, disfrutaría como un niño. Primero te mordisquearía el cuello y con la mano bajo las bragas haría que te humedecieras entera y tuvieras al menos orgasmo y medio
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Y medio?
Daniel [My rules] dice:
Claro, dejaría el otro medio para cuando te penetrara, por que no dudes que lo haría. No tengo pudores con los sitios públicos aun que no necesito contártelo a ti. Buff, cualquier día te violaré
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
No será violación, pero me retorceré un poco para que lo parezca.
Daniel [My rules] dice:
Mejor
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
…
Daniel [My rules] dice:
¿Qué?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
No puedo serle infiel, no debo, son 8 meses de relación.
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Pero Javier… él es tan soso
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Siento quejarme contigo, pero no sé que hacer y ya no porque tenga sueños eroticos con alguien que no es él, es solo que no sé que hacer.
Daniel [My rules] dice:
Nadie controla sus sueños
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Podemos decidir nuestros deseos.
Daniel [My rules] dice:
¿Podemos? ¿Seguro?
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
u.u
Daniel [My rules] dice:
Marta, el día que me busques me encontrarás.
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
…
Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? dice:
Tengo que irme, he quedado y ya llego tarde, esta noche hablamos. Besos
Daniel [My rules] dice:
Ok
Daniel [My rules] dice:
Besos y pásalo bien.




Marta. Déjame gritar, ¿Qué importa ya? se ha desconectado






Kaz

Sin control


Era una noche de verano, no era la primera vez que bajaba a aquel parque, pero sí la primera vez que te veía.
Desde el primer momento, te fiché, tú tenías que ser para mí, quería probarte, qué coño, quería follarte.
El morbo era más que suficiente.
Tenía que satisfacer mis ganas, sí, costase lo que costase.
Pasó una semana.
Era el cumpleaños de un amigo nuestro.
Era nuestra oportunidad.
Tras haberlo planeado, nos escabullimos de la gente.
Nos dirigimos al garaje que quedaba al lado de tu casa.
Estaba preparada.
Primero fueron los típicos besos.
Nuestras lenguas se rozaban.
Perdimos el control de nuestras manos.
Nos desnudamos velozmente, aunque no al completo.
Sí, sentí cómo me la metías.
Cómo gemíamos.
Cómo gozábamos.
Duró poco, pero nos saciamos.
No obstante, queríamos repetir.
La siguiente vez, fue en tu casa.
Fuimos algo más lejos.
No había prenda alguna que nos impidiera hacer nada.
Tumbados, sobre tu cama, empezamos a desfogarnos.
No éramos nosotros.
Descontrolados recorrimos cada milímetro de nuestro cuerpo.
La lengua era esta vez, la protagonista.
Bajé lentamente, hasta aquel miembro.
Con ambas manos, lo cogí y empecé a agitarlo.
Suave y lentamente.
Fui acelerando.
Y acto seguido, te la chupé.
Sí, disfrutabas como un niño pequeño con un caramelo.
Me pedías que no cesara.
Te hice caso.
Te corriste.
Yo seguía.
Volví a lamerte los labios.
Ahora era tu turno.
Ahora me tocaba a mí morirme de placer.
Y así fue.
Te entretuviste con mis pechos.
Jugabas con mis pezones, a la vez que tu mano se introducía en mí.
Te dispusiste a bajar.
Empecé a notar tu lengua.
Poco a poco fui estremeciéndome.
Las piernas se agitaban solas.
No podía parar de moverme.
Sentí cómo esa sensación tan placentera invadía todo mi cuerpo.
Ya estaba a punto.
...
Me desahogué, nos desahogamos.
Allí nos quedamos, tumbados, mirándonos.
Había sido genial.
Y lo mejor de todo, sabíamos que se repetiría.

sábado, 14 de marzo de 2009

Lo que se veia.




Era tan simple como eso.
Lo que se veía.
Todos sabían que lo dos habíamos preguntado.
Todos veían nuestras miradas cruzarse.
Todos lo notaban y sabían lo que iba a pasar.
Aún así nosotros nos lo preguntábamos una y otra vez dentro de nuestras cabezas.


Jamás te atreviste a contarme como te sentías.
Que sentías por mi.

pero tampoco es ese del tema que quería hablar.

Todo empezó el día del segundo año, (si lo relacionáis con mi primera historia, y sino un día cualquiera).
Yo quería llamar la atención y tu llamaste la mía sin darte cuenta.

Persiguiéndote todo el día sin que tu te enteraras, o enterándote ¡!
Quien sabe!

Esa noche, nos conocimos.
Tras unas bebidas etílicas, los dos estábamos haciendo tonterías, pero yo bastante menos que tu.
Me quede, sin hacer nada.
Mirándote fijamente, mientras otra persona me agobiaba como una mosca!

Al final no lo pude evitar, me pareciste tan mono que solté una risita graciosa que no habrías escuchado a menos de estar pendiente de mi.

-De que te ríes?
-De ti, de que me voy a reír?

Y todo empezó.
La noche terminó mientras en un frío gimnasio “dormíamos”.
Mientras yo situada a tu lado, te soplaba en la cara y tu te auto pegabas jaja!

Cuando desperté habíais desaparecido.
Os habíais marchado.
Y no solo eso si no que me habíais dejado sola sin nadie a mi alrededor, por eso tenia tantísimo frío.

Tan solo una semana después ocurrió.
Todo entre unos sofás hablando bajito, y con la gente poco a poco cerrando los ojos.

Y cerró los ojos.

Entonces tú y yo que estábamos medio abrazados, nos giramos exactamente al mismo tiempo y nos empezamos a besar con esa intensidad que nunca había vivido.

Todos los demás en la habitación se quedaron mirándonos con unos ojos como platos.

Y esa noche, el sofá fue nuestro.
Y la gente era como si no nos viera.

Así paso una vez tras otra.
Siempre empezaba todo de 0.
Y yo estaba harta.
Si te importaba o no?
Nunca lo supe.

Ahora lo puedo imaginar.

Tras tener un dolor en la boca del estomago, creyendo que no te importaba, decidí dejarlo todo de lado.
Y te abandoné.

Viví nuevas experiencias más dolorosas aún.

Y luego me di cuenta de lo que había hecho.

Tras una noche de reconciliación, en la que los dos deseábamos lo mismo, (pero que no podía ser por un icono que sobraba!) ese grado de frustración aumento nuestro mutuo deseo.

La siguiente noche ocurrió.
Lo leíamos en nuestros ojos.
Nunca me había desnudado tan rápido.
Nunca había pasado una noche tan increíble.
Nunca te había tenido tan conectado a mí.
Nunca habías sido mío.

Esa noche fuiste mío, todo lo mío que yo quise.
Aunque esa vez hubo algo curioso.
No te separaste de mí.
Me seguías abrazando cuando desperté.

El día siguiente fue muy feo.
Me marche y nunca se volvió a repetir.

Y hoy por fin después de hablar contigo, no he podido evitar recordar, cada mirada, cara deseo, cada abrazo, cada mente leída.
Como me mimaste, como me cuidaste, como te hiciste cargo de mí, como si de una niña se tratase, o mejor dicho, como cuidaste de esta, que por entonces era una niña.

Este deseo es incitante.
Pero me encanta darme cuenta, de que lo que de verdad deseo no es, ni tus inigualables abrazos, ni que Ester dentro de mí.
Porque simplemente…

No te deseo a ti.

viernes, 13 de marzo de 2009

Prohibited (1a parte)



El ambiente era relajado, pero a la vez animado. Me encontraba en una de esas fiestas con amigos, amigos de amigos, y demás. Una casa, semi alumbrada, música, y los invitados divididos en grupitos por habitaciones, con cubatas en la mano.

En “la élite” nos encontrábamos Ángel –mi pareja- , yo, Daniel, Inés y su novio – Leo-. Él era el centro de mi atención esa noche, todas las noches. Le veía, y mis ojos reseguían la curva de su cuello, e imaginaban lo que habría debajo de su camiseta. Clavaba la mirada en la suya, esperando a que respondiese a mi desafío visual. Décimas de segundo después giraba la cabeza sintiéndome culpable; él tenía pareja, yo también, no debía pensarle siquiera.
Sin embargo, me miraba y yo me mojaba toda.

Recuerdo que aquella vez había bebido, cómo no. Y por supuesto, me encontraba mal. Bueno, tal vez esa no fuese la definición correcta. Reíamos, bromeábamos. El y yo… nos mirábamos. Ahora sin miedo, sin vergüenza, aunque ahora caigo en que él nunca me había apartado la mirada.

Seguíamos mirándonos. Ahora de forma más seguida, más intensa. Entre nosotros circulaba una corriente eléctrica de tensión sexual, de la que el resto del grupo quedaba excluido.

Habían invadido mi cabeza. Estaba lleno de voces. Había una que me decía que los demás se daban cuenta, que no iban lo suficientemente borrachos. Otra decía que tenía novio. ¿Qué hacía mirando a ese tío mientras me corría antes de habérmelo follado? Ahí estaba la clave del asunto, me susurró la última voz.


Dios, como me ponía! Llevaba meses pensando en ella. Cercándola por los pasillos, anotando mentalmente cada uno de sus pasos…Hoy llevaba un corsé y una minifalda. Medias con liga y liguero, calzado cómodo. Ella era así, le gustaba ir sexy en cualquier ocasión, algo que era de lo más apropiado para mis solitarias fantasías. Y cuando me tiraba a la zorra de Inés, lo mismo. No había nadie más que ella. Estaba por todas partes. Y ahora estaba allí.

No podía aguantar ni un segundo más sin ella. Si no hacía algo iba a estallar. Sus ojos era cuchillos, y –maldita sea!- yo estaba duro. En ese mismo momento, ella se desplomó.


Pensé que era ahora o nunca. Con la poca lucidez que me quedaba fingí un semi-desmayo. Y él, vino en mi ayuda. Cuando sus manos me tocaron, los calambres empezaron a recorrer todo mi cuerpo. Yo ardía.
Oí como si fuese a lo lejos “Voy a llevarla a alguna habitación para que se despeje. Con tanto humo y ruido…”. No llegué a comprender el resto de la frase.

Me llevó en brazos a una habitación, mientras ambos nos esquivábamos visualmente. Entramos, y me dejó sentada en la cama de matrimonio, mientras se sentaba a mi lado.
“Voy a aflojarte el corsé para que puedas respirar mejor, ¿de acuerdo?

Daniel

Era sábado por la noche, había discutido con Javier y Lucía consiguió convencerme para salir, en realidad ella buscaba encasquetarme al amigo del chico con el que había quedado para así tener su tiempo con él en algún callejón oscuro. Las próximas horas pintaban mal, o no mal pero si aburridas, conversando con un desconocido que probablemente no llamaría un mínimo mi atención. Lucía era de esas chicas que siempre se quedaban con el guapo, no por ser más atractiva que yo, si no mucho más lanzada.
Mi pseudo pareja era un impresentable que desapareció derepente dejándome sola, sentada en un banco en medio de un parque, en algún lugar de la ciudad. Me planteé marcharme cuando un gemido llamó mi atención y es que la tentación es algo que llega por sorpresa y difícil de evitar, miré a mi alrededor.

Una chica retumbada sobre un coche era penetrada por un tipo al que yo no alcanzaba a ver la cara, pero eran jóvenes, tal vez un par de años más que yo, me escandalicé un poco, además aun era algo inocente por aquel entonces y esto me producía rubor, pero no me sentía capaz de apartar la mirada. Apreté las piernas e hice fuerza hacia el banco con el trasero, puse la mano derecha sobre mi muslo y consciente o inconscientemente esta se movió hacia esa parte de mi cuerpo que palpitaba de necesidad, sobrealimentada por el espectáculo que me estaban dando.
Él levantó la vista y topó con mis ojos curiosos, no se si lo vi o lo imaginé, pero juraría que sonrió y aceleró el ritmo del vaivén de sus caderas.

Acariciaba con cierta brusquedad los pechos de ella y le pellizcaba los pezones, pero su mirada ahora era mía. Me estremecí.

La chica gemía cada vez con más fuerza y él acabó tapándole la boca, se resistió. Entonces, por primera vez escuché su voz grave, sonora y melódica.

-Estate quietecita.- le ordenó.

Aquello en una situación normal me habría molestado, hubiese pensado que no tenía ningún derecho a tratarla a así, pero aquella chica era una zorra, ya no por la envidia que corroía mi sangre, si no porque yo misma me lo sentía, porque me hubiese dejado follar por aquel tío después de ella sin pensármelo dos veces. Sexo gratuito.

Antes de darme cuenta tenía la mano sobre la tela de mi ropa interior y volví a la realidad, como si me hubiesen dejado caer desde una nube.

Él levantó la cara al cielo y gruñó. En dos minutos, ya tenía la ropa arreglada, la bragueta subida y caminaba altivo hacia mí, dejándola a ella abandonada; se vistió de mala manera y salió corriendo en dirección contraría, él le había dicho algo desagradable, me hubiese gustado saber el que…

Se sentó junto a mí, dejando un margen de dos palmos entre nosotros, dos palmos femeninos.

-¿Te ha gustado?

-¿Disculpa?- me puse nerviosa y opté por fingir.

Se acercó a mi oreja y a unos centímetros me susurró: No te ha gustado, te ha encantado.

El calor comenzó en mi cuello y se esparció por el resto de la piel. Pero no me tocó, es más unos pasos que se acercaban cortaron con todo aquello que podría haber sucedido.

Era Lucía.

Él se puso en pie y me miró detenidamente, tenía la falda ligeramente subida.

-Espero volver a verte. Soy Daniel.

jueves, 12 de marzo de 2009

Juego de niños


Aún recuerdo aquel olor tan peculiar.
Aquellos ojos que me hipnotizaron desde el primer instante.
Era tan sólo una cría, o así me veía él.
No me importaba nada más.
El mero hecho de poder estar a su lado me estremecía.
El tiempo pasaba, y yo me limitaba a mirarle.


Me acerqué.
Permanecí junto a él a cada paso que daba.
Pensé que lo conseguiría.


Ingenua de mí, pensaba que podría tener una mínima oportunidad.
Pero no, él no podría fijarse en alguien como yo.
No era su tipo, no, definitivamente lo daba por perdido.

Quizá me precipité.
Quizá me hice falsas ilusiones.


Seguía transcurriendo el tiempo.
Y allí estaba yo, observándole.
No podía evitarlo, estaba enamorada.


Decidí apostármelo todo a una carta.
Decidí arriesgarme, total, ¿qué podía perder?


Tonta, tonta, tonta...
No debí hacerlo.
Quería desaparecer.
Quería desvanecerme.
Ahogué mis llantos en silencio.
Las lágrimas no cesaban.


Fuerte dolor en el pecho.
Le había visto, sí, pero con otra.
Para él todo era un juego.


Mi mundo se derrumbó.
¿Todo lo hice en vano?
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.
Yo le perdí a él, lo perdí todo.


Todo ese esfuerzo fue inútil, como yo.
Me prometí a mí misma que jamás volvería a enamorarme.
No quería volver a vivir aquel infierno.


Hoy por hoy pienso en aquel campamento.
En el que conocí a mi primer amor.
Y sonrío, pues tengo la satisfacción de haber hecho todo lo que pude.
De no haberme quedado de brazos cruzados.
Sonrío, porque aquel del que me enamoré, me enseñó una valiosa lección.


"No corras, no tengas prisa, pues no todo amor es correspondido".

Amame pero sin modales hasta que se acabe.


Una tarde de invierno.
Yo caminando sola.
Las calles estaban nevadas y yo tenia mucho frío.
No pasaba nadie y estaba perdida, en una ciudad muy lejana a mi hogar.
Entonces pasó.
Pasaste por delante de mi, muy abrigado, obviamente al vivir en ese lugar y conocer el tiempo a la perfección.
Ni siquiera hablabas mi lengua, ni siquiera me habías visto nunca, no sabias quien era, pero no dudaste ni un segundo, nuestras miradas se cruzaron.
Tu te quitaste el abrigo y me lo echaste por encima.
Me abrazaste, me cojiste de un brazo me tiraste, prácticamente volaba.
Mi minifalda, era como si no existiera, mis tacones se resbalaban, pero tu, me llevabas tan deprisa que no me podía caer, no notaba ya el frío.
Entramos y rápidamente me dejaste caer sobre tu cama.
No hablábamos.
No lo habíamos intentado, pero sabíamos que no nos íbamos a entender.
Una mirada que no duro más de tres segundos.
Fue eterna.
Jamás habían pasado tantas sensaciones a la vez x la cabeza.
Tantos pensamientos…
Eras un total desconocido me podias hacer daño, pero tus ojos decian que no…
Nos deseabamos mutuamente..
No lo podiamos evitar…
Se terminaron los tres segundos, me diste un fuerte abrazo.
Me kitaste el abrigo.
Y después de eso no tuviste mucho mas trabajo, ya que mi ropa era escasa.
Cuidadosamente me kitaste los zapatos y los dejaste en el suelo.
La faldita salió volando y nunca recordé donde cayó.
La camisa se rompio antes de que me diera tiempo de ver como me la despasabas.
Habia pasado muy poco tiempo, pero los dos nos necesitabamos.
Te quite la camisa rapida per cuidadosamente, rompiste mis medias, y cayeron al suelo, uan bonita y cara lenceria, uno de los pocos recuerdos que me quedaban de mi calido pais tras escapar de ese modo.
Pocos minutos después estabamos dentro de tu cama.
Estabamos desnudos, y no se muy bien como ocurrió porque no pude percatarme de todo, iba todo demasiado rapido, y el tiempo para mi muy lento, me acariciabas sin parar,me susurrabas cosas que no se como, entendia pero que jamas pude traducir…
Me besaste apasionadamente…
De repente estabas dentro de mi y yo gemia…
Empece poco a poco pero no pude evitar gritar mas y mas.
Me estabas matando de placer…
Cuando teminamos, nos kedamos abrazados.
Como si nos vieramos todos los dias.
El resto del mundo me daba igual.
El resto del mundo te daba igual.
Cuando desperte, no estabas.
Había ropa encima de la cama y mi ropa del dia anterior habia desaparecido.
Solo quedaban las medias, rotas cuidadosamente dejadas sobre la cama.
No se muy bien el que, no se si era mi instinto femenino o que, pero algo me dijo que no querias que me marchara, que no habías hecho todo eso con la intención d equ eme marchara sin más.
Así que simplemente, di media vuelta, segui durmiendo, y me quede.